4.2.07

Las virgenes suicidas

La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse —esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese—, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamente dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda. A nosotros nos pareció que, como siempre, salían demasiado lentamente de la ambulancia, mientras el gordo decía en voz baja:
—Que no es la tele, tíos, aquí no hay que correr.
Jeffrey Eugenides

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4 comentarios:

Blogger dsdmona ha dicho...

Has leído 'Middlesex'? impresionantes los dos libros.

4/2/07  
Blogger Darabuc ha dicho...

Otro que no conocía, estupendo. ¿Un principio... anodino, corriente, perfectamente ordinario?

4/2/07  
Blogger Inspeculum ha dicho...

Fantástico, Miguel. No me acordaba de este principio. Ahora me hace resonar otro principio, que no puedo recordar.
¿Cuál será?
Saludos
A.

5/2/07  
Blogger Miguel Sanfeliu ha dicho...

A mí me parece que casi funciona como un microrrelato, ¿verdad?
No he leído "Middlesex", pero pienso que debería.
Un abrazo.

5/2/07  

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