5.2.07

El mar de madera


Nunca compres ropa amarilla ni de piel barata. Ese es mi lema, y tengo más. ¿Sabes lo que me gusta ver? A la gente matándose a sí misma. Me explico; no me refiero a los pobres desgraciados que se tiran por la ventana o dejan sus patéticas cabezas envueltas en bolsas de plástico hasta quese les acaba el aire. Tampoco estoy hablando del "Campeonato de Lucha Libre", donde no hay más que un puñado de cabezas rapadas lanzándose mordiscos rabiosos. Me refiero al tipo de la calle que, con la cara del color del plomo mojado, enciende un Camel y escupe el alma por la boca con la primera calada. ¡Bien por ti, figura! Larga vida a la nicotina, la cabezonería y la auto-indulgencia.

"¡Jimmy, márcate otra ronda!", canturrea el Rey del Colesterol al final de la barra. Ese, el de la nariz colorada y la presión arterial lo bastante alta como para enviarlo a Plutón, a él y a todo su árbol genealógico. Gratificación, masa, textura. El ataque al corazón que lo incinere durará apenas unos segundos. La cerveza helada en jarra grande y el aroma de las chuletillas son para siempre. Hasta que se muera. Bien merece la pena. Estoy con él.

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1 comentarios:

Blogger sfer ha dicho...

Qué curiosidades, oye... Hace unos días le han regalado este libro a mi pareja, y hace dos días lo vi encima de la mesa, y pensé... "¿a ver cómo es el primer párrafo?". Y no estaba nada mal, así que lo anoté mentalmente para añadirlo a la colección. Mira tú por dónde!!

8/2/07  

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