11.2.07

Adán Buenosayres


El pañuelito blanco

que te ofrecí

bordado con mi pelo...


Templada y riente (como lo son las de otoño en la muy graciosa ciudad de Buenos Aires) resplandecía la mañana de aquel veintiocho de abril: las diez acababan de sonar en los relojes, y a esa hora, despierta y gesticulante bajo el sol mañanero, la Gran Capital del Sur era una mazorca de hombres que se disputaban a gritos la posesión del día y de la tierra.


Leopoldo Marechal


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