In alten, alten Zeiten, als die Menschen noch in ganz anderen Sprachen redeten, gab es in den warmen Ländern schon große und prächtige Städte. Da erhoben sich die Paläste der Könige und Kaiser, da gab es breite Straßen, enge Gassen und winkelige Gässchen, da standen herrliche Tempel mit goldenen und marmornen Götterstatuen, da gab es bunte Märkte, wo Waren aus aller Herren Länder feilgeboten wurden, und weite schöne Plätze, wo die Leute sich versammelten, um Neuigkeiten zu besprechen und Reden zu halten oder anzuhören. Und vor allem gab es dort große Theater.
En los viejos, viejos tiempos, cuando los seres humanos hablaban todavía en lenguas muy distintas, ya había en los países cálidos ciudades grandes y espléndidas. Se alzaban allí los palacios de reyes y emperadores; había calles anchas, callejas estrechas y callejuelas sinuosas; había magníficos templos con estatuas de oro y mármol dedicadas a los dioses; había mercados multicolores, donde se ofrecían mercancías de todos los grandes países, y plazas amplias y hermosas, donde la gente se reunía para comentar las novedades y pronunciar o escuchar discursos. Sobre todo, había allí grandes teatros.
Michael EndeEtiquetas: Darabuc, Michael Ende