2.2.07

Nieve

El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve.

Alcanzó en el último momento el autobús que le llevaría de Erzurum a Kars. Había llegado a la estación de Erzurum procedente de Estambul después de un viaje tormentoso y nevado de dos días, y mientras recorría los sucios y fríos pasillos intentando enterarse de dónde salían los autobuses que podían llevarle a Kars alguien le dijo que había uno a punto de salir.

El ayudante del conductor del viejo autobús marca Magirus le dijo «Tenemos prisa», porque no quería volver a abrir el maletero que acababa de cerrar. Así que tuvo que subir consigo el enorme bolsón cereza oscuro marca Bally que ahora reposaba entre sus piernas. El viajero, que se sentó junto a la ventanilla, llevaba un grueso abrigo color ceniza que había comprado cinco años atrás en un Kaufhof de Frankfurt. Digamos ya que este bonito abrigo de pelo suave habría de serle tanto motivo de vergüenza e inquietud como fuente de confianza en los días que pasaría en Kars.

Orhan Pamuk

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2 comentarios:

Blogger Darabuc ha dicho...

Trae hoy la prensa que a Pamuk le ha tocado coger un autobús con destino al exilio. Previsible, pero no menos triste. ¿Turquía sigue en el filo de la dictadura?

5/2/07  
Blogger Emma Bukowski ha dicho...

Qué ironía que Pamuk haya tenido que exiliarse (aunque no lo llame así oficialmente) justo después de publicar ese maravilloso libro suyo sobre su ciudad de Estambul.

5/2/07  

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