6.2.07

La invención de Morel

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Hui por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana.

Adolfo Bioy Casares

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2 comentarios:

Blogger Inspeculum ha dicho...

Disculpen el término afectivo, pero: qué lindo!

Saludos

A.

7/2/07  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Me encanta este libro! Y en mi opinión, uno de los mejores principios. Muy bonita la iniciativa de esta página, coleccionar principios.
Saludos, Raquel.

25/5/09  

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